
Uno siempre se hace una idea de lo que puede esperar viendo los tráilers, aunque ciertamente puede estar equivocado (o en lamentablemente demasiadas ocasiones encontrarse con que es más interesante el pequeño corto de anuncio de un film que éste en todo su metraje).
En ésta ocasión, la sensación era clara: Éste no iba a ser un Sherlock al uso, tal y como el genial Conan Doyle nos narró en sus maravillosas e inolvidables novelas, aunque sí que podía ser una versión que pese a sus concesiones para el público actual podía resultar entretenido y válido- "Todo viene de la necesidad de buscar audiencias globales", comenta el director Guy Ritchie-.
La sensación general tras su visionado es que lo mejor del metraje se encuentra en los primeros minutos de la cinta, donde los rápidos e irónicos diálogos entre los dos protagonistas ganan la atención del espectador, y ciertas concesiones a la manera de entender al personaje del Detective sorprenden de manera efectiva. Además se añaden unas cuantas y estupendas escenas en las podemos apreciar la habilidad de Holmes para el disfraz, una constante importante de las novelas.
Según avanza la historia, estas concesiones y planteamientos comienzan a repetirse en exceso, acabando con la sensación de sorpresa. Al mismo tiempo la trama comienza a hacerse inconsistente -en parte porque pocos personajes son desarrollados más allá de tópicos que se quedan en el armazón-, el desarrollo de los personajes se ralentiza en exceso -salvo por algunas escenas aisladas- y es sustituído por acción pura y dura.
El metraje se alarga en exceso y finalmente todo se resuelve apresuradamente y sin demasiada imaginación, intentando confundir al espectador para que piense que se ha resuelto todo de forma magistral, cuando más tiene de un flojo capítulo de series como Se ha escrito un crimen -que siempre resultó como serie entretenida y bien construída- que otra cosa.
En realidad uno de los grandes aciertos de las novelas es el acompañar al le
ctor de la mano mientras éste intenta hacerse una -equivocada- idea de los misterios que se plantean y de sus posibles soluciones, para a continuación sorprenderse gratamente y de manera pausada de que aquello que creía era falso, pero no de manera rápida y gratuita, sino fundada en pistas, en el estudio detallado de infinidad de pequeños detalles que la mente prodigiosa de Holmes ya había catalogado y analizado previamente y comprobado como ciertos a pequeños pasos.
ctor de la mano mientras éste intenta hacerse una -equivocada- idea de los misterios que se plantean y de sus posibles soluciones, para a continuación sorprenderse gratamente y de manera pausada de que aquello que creía era falso, pero no de manera rápida y gratuita, sino fundada en pistas, en el estudio detallado de infinidad de pequeños detalles que la mente prodigiosa de Holmes ya había catalogado y analizado previamente y comprobado como ciertos a pequeños pasos.Presentar a Watson como más que un colaborador en las investigaciones, y a ambos como una pareja que sin problemas puede encargarse a puñetazo limpio de sus problemas es un error, así como hacer tan evidente la más que posible especial y estrecha relación entre ambos que siempre se apuntó. Algo sutil realmente lleva a la reflexión y la duda. Lo contrario es simplemente chapucero.
Jude Law no tiene un personaje consistente al que agarrarse (sólo lo tiene Holmes), aunque hace lo que puede, y Downey Jr. tiene ese toque loco y desesperado del personaje al mismo tiempo que la creatividad y genialidad de los elegidos, pero también una superioridad mal entendida que no se refleja como debería en la consabida flema británica analítica y que en cambio se transforma aquí como chulería pura y dura.
El Doctor House aparece sin tapujos en ciertas ocasiones, lo que no beneficia al personaje.
La ambientación está realmente lograda, aunque la ciudad no termina de ser otro personaje de la historia, y todo queda preparado para -cómo no- una nueva película en la que la némesis es demasiado evidente.
Estupendo trabajo con la banda sonora, que sí está a la altura, y al mismo tiempo que acompaña perfectamente, se adueña de la personalidad que debería haber tenido la historia.

















