domingo, 16 de enero de 2011

El Superman de Azzarello y Jim Lee


Aquella etapa abarcó todo un año completo (números 204 a 215 USA).
Muy anunciada en su momento, se inciaba con la desaparición sin explicación de un millón de almas, incluyéndose la de Lois Lane entre ellas, y por tanto iniciaba el reto de mostrar un Superman distinto, que se planteaba su propio papel, responsabilidad y humanidad.

Al mismo tiempo introducía el papel de un enfermo sacerdote en crisis de fe. Superman y él se conocerían desde la página cinco del primer número, y lo mejor y más interesante de la saga se ajustaría a las reflexiones de ambos personajes respecto a su propia vida, a su manera de influenciar a los demás y a sus decisiones y dudas.
El papel de Superman como ídolo de masas capaz de hacer prácticamente todo lo que se proponga se equilibra con la parte humana del personaje, que se contrapone precisamente a ese aspecto cuasi religioso del superhombre enviado para salvar a la Humanidad.

El poder de hacer lo que desees no otorga al poseedor de la verdad absoluta, ni el derecho de ejercer ese poder en una u otra dirección necesariamente. Este es otro de los puntos que el guionista trata: ¿Tiene Superman el derecho de intervenir en la política e injerencias de países en conflicto y/o guerra? ¿La defensa de los inocentes puede chocar con las leyes? ¿Los asesinados debían haber sido perdonados o simplemente eran asesinos ajusticiados por el sistema legal de un país?

Desde el momento en que Azzarello deja esa interesante base y se interna en la historia propiamente activa que necesariamente engloba a aquella por imperativo de las ventas y de que esto -no lo olvidemos- es un comic de superhéroes, todo empieza a perder pie y a sonar a imposición, a atrezzo fácilmente reconocible como lo que es, a falso y a forzado.
Combates con personajes que salen sin ninguna razón realmente de peso, caracterizaciones flojas de los miembros de la JLA, Wonder Woman que pasaba por allí...y finalmente un bizarra explicación de las desapariciones...

La manera en que Lee representó al mito fue bastante acertada. Parece que la opinión general fue que su trabajo al representar a Batman le iba como anillo al dedo, denostando el trabajo con Kal-El, y esperando esos esperadísimos nuevos trabajos con el vigilante de Gotham. Cierto es que la representación de este último da en el clavo y quizás se ajuste mejor a sus posibilidades artísticas, pero no por ello quitaría valor a su trabajo con Superman.

Y respecto a lo demás, me quedo con las excelentes posibilidades que podría haber alcanzado la saga (si esto no fuese lo que es...pero soñar es gratis).

3 comentarios:

Ruben dijo...

Una historia que empezo bien con esas reflexiones que comentas pero luego yo la verdad ya no entendi muy bien cual era la idea final, derivando solo en el lucimiento de jim lee, por ejemplo sigo sin entender que significa el encuentro de superman y aquaman je vaya rebuznancia la mia, esta bien que azzarello asi escribe pero vaya. saludos.

Yota dijo...

A mi me parecio una puta mierda. Creo que Loeb no entendio nunca a superman. Eso si, el dibujo es portentoso aunque me escama ese mono que tenía siempre Lee de hacer que el Supes tuviese las pupilas rojas apunto de disparar como si de un resacon se tratase XD

The Korinthian dijo...

Rubén:
¡Eso es! ¿Qué pinta Aquaman?
La cosa fue a peor....

Yota:
Vale que te quieras meter con Loeb...¡pero esta vez el hombre no tiene culpa!XD